Camino hacia el cielo
recolectando estrellas
portando cuatro de ellas
¡Desciendo a la tierra!
¡A repartir!, -me dije-
Para mi hija mayor, Carolina
la de la bondad y la razón
que hay en ella.
le entrego a mi segunda niña, Romina
la del coraje y la resolución.
Aún conservo, aprisionadas dos,
para mis niños varones, son.
Para Dino, obsequio
la del estudio y la reflexión.
Y a mi pequeño Joaquín
una con forma de corazón
dibujada en sus ojitos
cuando miran con emoción.
Al amanecer del día siguiente
esbocé una intención
decirles que su niñez y adolescencia
fueron las voces de mi canción
escribiendo en mi cerebro
notas de amor.
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