jueves, 21 de abril de 2011

Sobre una hojita de otoño

Llegué el día 21
Cinco personas ansiosas / me esperaban cual retoño.
Diminuto y acurrucado / con ropita verde agua
Un moisés primoroso / adornaba el dormitorio
Allí dentro parecía…/un príncipe en un trono.
Con mi mirada celeste / vi sus sombras borrosas
¡Cuántas cosas me decían / con sabor a caramelo dulce!
Y… Aprendí a conocerlos / Mamá me llamaba Buchi
diminutivo de Bebuchi /Cuando comenzó a hacer frío
y la soledad me aterraba / Cerraba muy fuerte mis manitos
para poder atraparla / Sus brazos cansados resistían esto
Y los mimos reiterados… / Qué rica la lechona
que papá me preparaba/ Todavía la sigo tomando
que nadie se entere nada / En la 1º pepona
que para mí fue comprada /Carolina desconcertada
me miraba … / y no pronunciaba palabras
Ahora yo la observo desde abajo / y ella desciende complacida
hacia mis caprichos y berrinches/ Y me dice:
¨Bebé , no hagas más nada”!!!
Mi madraza / fue y es… Romina
La primera en acunarme / con primor y prolijidad
Mudó mis pañales / Y un día…
¡Hasta se animó a bañarme! / Su presencia me lleva
correr a abrazarla!!
Dinito mi compinche / de líos y payasadas
Soportamos penitencias / Y también…
nos reímos de nada.
Así los he presentado / de este modo singular
Mi nidito, mi familia, mi hogar / Soy muy sentimental
Impulsivo y querendón / A ellos les digo de a uno
¡Te quiero hasta el cielo ida y vuelta! / ¡Te quiero un montón!!
Y así fui creciendo… / Y llegué al jardincito
Mi señorita es un sol / Y las estrellas: mis amiguitos
Todos brillan en mi vida / Grandes y pequeñitos / Armamos una ronda
y regalamos besitos.. / Soy yo el escritor poeta
tengo 3 añitos / Dos hermanas, un hermano
Mamá, papá / Una señorita
Y 32 amiguitos / Me llamo JOAQUÍN
nombre de mi abuelito / Hallo una flor preciosa
y la envío al cielito. /Dios me está mirando
vigila mis pasitos / Mi familia es mi mundo
Y yo…
¡NO ESTOY SOLITO!!

*Esta poesía la escribió mi mamá para el día de la familia y fue presentada en el Jardín 902 cuando yo iba a la Salita de 3 años.

martes, 5 de abril de 2011

El árbol de mi vida


Mi árbol brotó,

mi infancia pasó

y hoy bajo su sombra

que tanto creció

tenemos recuerdos

mi árbol y yo.

Alberto Cortés


Esta es la casa en la que nací, crecí y viví hasta los 16 años, era de mi abuela Ninfa y sus hermanos, no sé por qué mi papá se quedó a vivir en ella. No estaba pintada de rosa sino de blanco. Era muy humilde. Los pisos eran de ladrillo, las habitaciones pequeñas. Fue mi primer mundo, el mundo de mi niñez.

No había una tranquera en ese entonces, sino que estaba rodeada de ligustrina. Se entraba por un caminito rodeado de plantas de jardín: estrellitas, junquillos, espuelas de caballero, menta.

Un cerco muy alto encerraba los seis terrenos que comprendía la finca. Cerco que cortábamos casi todas las semanas con grandes tijeras de podar. Crecía muy rápido.

Las dos chimeneas que se observan corresponden: una a la cocina de leña y la otra a la estufa a leña. En la cocinita de leña asábamos batatas que cosechaba mi papá de la quinta.

Había muchas plantas a su alrededor especialmente del lado izquierdo: laureles, higueras, siempreverdes, eucaliptos, acacias, granadas…

Allí en el patio había un enorme árbol de aromo, que me deslumbraba en primavera con la explosión de sus flores, debajo pendiendo de sus ramas estaba mi hamaca, hecha por la paciencia interminable de mi viejo, mi querido viejo, mi papá, dos cadenas y una rústica madera de albañilería, su trabajo.

Ya no está el árbol, yo tengo 58 años y él seguramente murió. Tenía un tronco muy grueso que delataba su edad.

Todos tenemos un árbol, este fue el árbol de mi vida, he tenido otros, pero tal vez no tan importantes en los diferentes lugares en los que viví.

Es que, él me escuchaba cantar, mi papá me compraba los libros de canciones de los autores de moda: Leo Dan, Palito Ortega, Johnny Tedesco, etc. Y yo simulaba ser cantante de la Nueva Ola como el grupo al que ellos pertenecían, y cantaba, cantaba todo el tiempo, mientras me hamacaba. Así pasé muchas tardes, muchas mañanas y mucho tiempo, lo disfrutaba tanto que me siento feliz hasta en mis recuerdos.

Todavía me gusta cantar y adoro la música con la diferencia que cambiaron los temas, cambió mi voz, ahora desafino más aún.

Mi casa de la infancia en la actualidad es un haras, ahí tienen caballos, donde era mi dormitorio hay un caballito que asoma la cabeza, cambiaron la ventana ahora es un pequeño hueco por donde el caballito se asoma.

Yo también miraba por allí, pero era una ventana con vidrios que me permitió mirar la vida con ojos de niña, los días de invierno, los días de primavera, los días que fui viviendo y haciéndome adolescente.

En la vereda que se observa delante de la casa en las noches de San Juan y San Pedro prendíamos fuego las cubiertas viejas de la Fort A de mi papá. Y rodeando el fuego gritábamos, mi hermano y yo con los vecinitos que se reunían: “Viva San Juan Y San Pedro, la cola del gato negro”. A la mañana siguiente algún estómago resfriado le contaba a mi maestra: “Sabe señora como gritaba esta niña anoche” y yo escondía mi cara me hacía chiquitita en el banco de clase, me daba vergüenza.

Juntábamos fuentones llenos de higos para hacer dulces, cortábamos las uvas del parral, bajo el laurel había una fiambrera, nada de heladera ni de freezer, no teníamos. En ella se guardaba la carne fresca. Yo nací en el año 1952, ya se había inventado la heladera en algunos hogares tenían a kerosene, pero nosotros compramos una por primera vez cuando yo tenía 16 años y nos mudamos a la casa nueva que con mucho esfuerzo comenzó a construir mi papá en el año 1955 (yo tenía 3 años) (quiere decir que tardó trece años en terminarla).

Era una especie de cajita de madera con tejido de malla pequeña para que no entraran las moscas e insectos en general. Por una puerta se introducía la carne.

Ahora lo entiendo, él trabajaba todo el día y los fines de semana seguía la construcción. Creo que heredé sus gustos: la música, el trabajo, el amor por las plantas. Teníamos una gran huerta y árboles frutales.

Mi papá ya no vive, me quedaron hermosos recuerdos vividos junto a él. Me quedaron sus fotos, su diploma de arquitecto (estudió por correo), los planos que dibujaba a mano, sus conversaciones registradas en mi memoria, los viajes cuando íbamos a pasear a Tandil, a Carhué, a Lomas de Zamora, a Olavarría, a Bolívar todo por camino de tierra. Tocaba el saxofón en una orquesta vestido de blanco con una faja a la cintura.

Ojalá yo le deje a mis hijos lindos recuerdos para que puedan contarlos como lo hice hoy yo.

Yoyi. (Marzo 2011)

lunes, 14 de marzo de 2011

Cuando me haya ido

Le dejaré a mi esposo
un recuerdo
del amor vivido.

Le dejaré a mis hijos
la altura
Que hayan crecido.

Les dejaré a mis amigos
la sonrisa
por los momentos compartidos.

Le dejaré a mis alumnos
todo, todo
lo que puedan haber aprendido

Le dejaré a mi tierra
las huellas
que mis pasos
hubieren recorrido.

A todos les dejaré
El haber existido.

YOYI

El regreso

Serpenteando carriles

Se acerca el olvido

De un tren misterioso

Que en un lejano tiempo

Había partido.

Faroles noctámbulos.

Chirriar de los rieles.

Su prisa es la búsqueda

De toda nuestra gente.

Silbato estridente,

Anuncia el comienzo,

De una etapa distinta

Asociada a la buena suerte.

Ilusiones perdidas

Vienen a bordo

Abriendo añejas maletas

De reencuentros absortos.

Setiembre y el tren,

Juntos han llegado

El cielo se ilumina

El humo se ha propagado.

Arrojemos flores

A esta iniciativa,

el aspecto de la solitaria estación,

se ha tornado festiva,

Estructurando un nuevo destino

De lucha, tenacidad y algarabía,

Llega a Urdampilleta: ¡el tren!

Conmocionando con su presencia,

La vida pueblerina.

Yoyi

Cuentos sobre rieles: El Loco Dionisio


Cuento ficcional relacionado con la Estación del Tren (Urdampilleta)


La estación está desierta, el sol comienza a alumbrarla, a los pocos minutos los fantasmas del pasado la invaden en la memoria del antiguo jefe, que se rasca la frente, alzando levemente su gorra. Faltan varias horas, las suficientes para poder recordar aquel día tan festivo.

El tren de vapor pasó mucho tiempo por estos rieles desgastados, hasta que un día dejó de hacerlo.

Las razones aludidas fueron la modernidad, la rapidez en las comunicaciones. Fue a parar a un olvidado galpón de los usados para guardar los cereales. Allí quedó con sus historias, con sus viajes arrumbado hasta que, quien sabe quién, lo rescatará para llevarlo a un museo.

Y vino avasallante el tren diesel, la conmoción, la rapidez y el deslumbramiento duraron unos cuántos años hasta que un día las autoridades del ferrocarril dijeron basta. Ya no era rentable seguir pasando por esta línea férrea como lo hacía siempre.

Junto con los trenes llegaban los personajes de siempre, las historias relatadas, las anécdotas, la enorme riqueza de productos transportados hacia los mercados de la Capital.

Suena el telégrafo, el jefe corre a recibir el mensaje, el alfabeto Morse se hace tecnología en sus dedos, punto raya, punto raya, el tren ya salió de la estación más cercana.

Sale presuroso y queda deslumbrado por lo que observa. En su bolsillo suena impaciente el teléfono celular con un mensaje.

Pasando la amplia tranquera que da acceso a los terrenos se acercan autoridades en lujosos autos, alumnos de escuelas con banderitas por doquier, docentes, personas del pueblo y todo vehículo que se pueda imaginar: bicicletas, motos, camiones, etc.

Grupos de jóvenes con pancartas y equipos de audio, caminan con ligereza por la premura del tiempo.

Se instalan unos sobre el andén y otros a la vera de las vías.

Algunos miembros de los partidos políticos han logrado que vuelva el tren. Todos festejan. Las miradas se pierden en la lejanía. Nadie quiere perderse el detalle de volverlo a ver primero.

El jefe mira la campana lustrada que volvió a colgar en su sitio.

La música comienza a sonar en forma estridente.

El cuchicheo de la gente se torna infernal

Por momentos piensa que mejor era el silencio, la nada a la que estuvo habituado muchos años, creyendo ver caminar en el andén la figura inconfundible de Dionisio. Pero luego respira resignado aceptando la nueva situación.

El gigante de hierro se acerca deslumbrante, magnífico, brillando por el sol, la gente se alborota, los chicos corren a las manos de sus madres, el ruido y lo imponente de la máquina les ocasiona miedo.

Los escolares agitan sus banderitas con fuerza, los jóvenes comienzan a cantar "Bienvenidos al tren" de Sui Géneris

Recoge tus cosas y largo de aquí
En nombre de Cristo, no quieras seguir
Si nadie me acepta, okay, ya me iré
Estoy esperando que llegue mi tren

…………………………..

Se detiene, la comitiva es numerosa, comienzan los discursos de rigor, las justificaciones innecesarias y todo lo que el protocolo político obliga dar a conocer en estas situaciones.

Alguien aplaude en un momento inoportuno, cuando el texto va por la mitad.

El jefe cree que es el alma de Dionisio que deambula por el andén.

Las miradas se desvían hacia todas partes, no se identifica al dueño del aplauso. El traje gris flota y pasa desapercibido.

El jefe cree que fue él "el loco Dionisio" muy conocido por sus chifletes cotidianos. Pero reflexiona al instante, no puede ser, por su edad ya debe haber fallecido.

¿Y su alma? No habrá quedado vagando por el andén que tantas veces recorrió y las numerosas veces que subió y bajó de los trenes.

Era un visitante asiduo que venía en un tren y se iba en otro.

Recorría el pueblo, visitaba a los que pacientemente escuchaban sus locuras varias y luego se iba. Flotando en su traje gris…como gris era su alma…llena de pajaritos y estrellas de un mundo que no existía… su imaginario.

Los discursos y alegatos terminan, el aplauso se generaliza.

Todos suben presurosos al tren, quieren participar de este viaje del retorno. El jefe se prepara para tocar la campana como lo hacía siempre, como lo hizo la última vez, con fuerza, con la energía del regreso.

Se escucha el sonido, ya están todos a bordo, echa una última mirada y le parece ver un hombre de traje gris subir apurado.

El día festivo ha terminado, comienza a cerrar las viejas puertas de doble hoja, mira el bebedero y le parece ver humedad reciente. Alguien lo utilizó como antaño para saciar la sed.

Yoyi (2010)

Relatos de mi pueblo: Taquillo

Su vida es una vorágine de alcohol, un mundo desconocido al que es difícil ingresar.
Pocos conocen su verdadero nombre.
Sí saben donde vive, el “pueblo viejo” es su morada. Una casita extraña encerrada entre plantas de sauces y malezas que el tiempo se encargó de cubrir, restos de objetos en desuso que nadie sabe para qué los guardará.
“Taquillo” tiene apellido que certifica su identidad pero por razones de respeto no se darán a conocer en este relato.
Es uno de los típicos y pocos personajes que quedan en el pueblo de Urdampilleta. Pueblo que siempre estuvo dividido por la configuración de ser viejo y ser nuevo.
Por ello es fácil oír a quien se identifica con la frase ¨vivo en el pueblo viejo¨ o ¨vivo en el pueblo nuevo¨.
Una calle separó con el tiempo ambos tipos de pueblo y aún se conserva en la actualidad.
El boliche de la época alberga los recuerdos del paso de “Taquillo” por él.
Todos los días, parroquiano empedernido de alcohol, naipes y charlas sin sentido, c
oncurría al boliche de la esquina, allí su dueño lo esperaba como de costumbre, conocedor de que el personaje descripto no faltaba a ninguna cita: “vamos a tomar una copa”, invitación que lo convocaba y lo hacía salir de su refugio, su casa.
Subía a un carrito que él llamaba sulky, pero que tenía algunas modificaciones en las ruedas, no eran de madera sino de goma, no era tan alto como los sulky, el había hecho reducir la altura de los elásticos.
Claro, había que simplificar un problema: ¿cómo subir cuando las bebidas se le subían a la cabeza?.
Cuando su vehículo no estaba en condiciones iba a caballo, simplemente, con el mismo caballo de tiro que usaba, con sus perros. Muchos perros que lo seguían pacientemente hacia cualquier destino.
Esa tarde de mucho calor, fue al boliche de Don Roque, fue a caballo, llegó despacio, ya traía una lentitud incorporada a su cuerpo, jugó a las cartas con los parroquianos de siempre, bebió algo, después otro poco más y así fue cayendo el sol de verano suavemente sobre la modorra pueblerina, hasta que tomó la decisión de irse.
En la vereda jugaban los nietos de Don Roque, el alboroto era enorme, gritaban, cantaban.
De pronto el silencio se hizo un hueco grande. Vieron a “Taquillo” en el suelo y a su caballo quietito sin moverse. Como si no hubiera pasado nada.
Los chicos corrieron a levantarlo. Lo ayudaron entre todos a poner un pie en el estribo,
el caballo inmóvil, como acostumbrado a estos problemas. Colocaban el pie y lo empujaban, le decían que se sostuviera de las crines. A duras penas lo lograron subir, cuando ya estaba arriba, ¡oh! , qué susto! Se cayó para el otro lado.
Ahí encontraron la respuesta a lo que habían observado con anterioridad.
”Taquillo” otra vez en el suelo. Y su caballito fiel esperaba con parsimonia que el jinete lograra quedarse quieto en la grupa, algo que siempre le costaba cuando el alcohol llegaba al 100 % de nivel.
Los intentos fueron muchos, hasta que lo consiguieron.
Les resultó increíble la escena que vivieron a continuación, el caballo cuando percibió que el beodo ya estaba más o menos firme comenzó a caminar despacito cuidando de no tirarlo y así…lentamente recorrieron las 15 o 20 cuadras hasta la morada de “Taquillo”.
Han pasado muchos años de este relato, nuestro personaje protagonista, aún sigue viviendo, todavía se embriaga, sale con sus perros, su sulky y su caballo, ya no hay despachos de bebida, pero él va a buscar bebidas que oculta bajo sus harapos, que deleita en soledad en su rancho.
Los relatos quedaron en el tiempo, los personajes se mantienen inalterables y nos queda como reflexión la frase: “Lo que no mata, fortalece” asegurando que el alcohol no es tan malo como dicen, alivia las penas y en algunos casos alarga la vida de quien lo ingiere.
Yoyi (2010)

martes, 13 de abril de 2010

El Sueño de Volar

Cuatro almas errantes
salimos a volar
pensando que en alas
nuestros sueños volarán.

Una de ellas
comenzó a pasear
pues siempre quiso
este sueño realizar.

Otra, en travesuras concretó
su viaje divertido, ¡Un montón!
historias de desaparecidos
y papelones de color.

Cantando, cantando
el tercer sueño
va llegando
una dulce melodía
que en alas va volando.

Un mundo de corazones
pequeñitos para volar
el cuarto sueño
se comenzó a concretar.

Estas alas viajeras
sueños llevarán
para que el mundo los conozca
y se hagan realidad.

Mis alumnas: Josefina-Eliana-Georgina
Yoyi

miércoles, 7 de abril de 2010

Reflexiones: Alegría y Tristeza

Dos palabras enfrentadas jugaban a la ronda en mi cabeza.Pude asociar: a una con la risa y a su compañera con el llanto, dos manifestaciones que a veces se unen y conjugan un mar de sentimientos
Son amigas de la euforia y la depresión, tambièn en ocasiones la risa nos lleva a las lágrimas sin que por ello estemos tristes, es creíble que el ser humano pueda manifestar su mundo interior a través de dos antónimos.
Y cuantas veces se repite este fenòmeno a lo largo de nuestras vidas.
¡Reímos y lloramos con la misma frecuencia que vivimos!
Las situaciones que las desencadenan son innumerables cito algunas que por cierto son cotidianas:
• El nacimiento de nuestros hijos
• Los logros por ellos conseguidos
• Los momentos lindos compartidos

o La fé y la esperanza nos abandonaron
o Nuestra vida perdió todo sentido
o Dios recolectó a las flores màs queridas
Bueno, pero al final cuando alguien nos brinda una mano cálida y afectuosa alternamos del llanto a la risa, y de la risa al llanto cuando el hecho es tan divertido que nos hace brotar lágrimas de alegría.
Y la vida es eso…..una ronda de sonrisas y làgrimas que se visualizan en tu rostro y nos muestra tus estados de ánimo.

Mi Abuelo Roque Dotti

Mi abuelo, Roque Dotti
Mi abuelo, Roque, mi abuelo ¨gringo¨ me hablaba de sus tiempos, de las chatas de acarreo, de aparecidos, luces malas y fantasmas. Todo dejó en mis oídos e instaló curiosidad en mi alma. Recibía a sus parroquianos, despachando bebidas, su último trabajo, ocupó gran espacio de su vida. Sus relatos comenzaban con un texto consabido: ¨Vea amigo¨......Las anécdotas quedaron, él se fue al cielo, contaba a quien quisiera su lugar de origen, la ciudad de Lobos, describía su familia: ¡ 29 hermanos + uno adoptivo!, repitiendo las frases de sus padres: ¨Donde comen 29 comen 30 ¨.Fue uno de los primeros pobladores de Urdampilleta.
Nunca lo ví escribir, pero el diálogo fue su producción memorística, alegando que en los días de niebla dos médanos llamados ¨El Carancho¨y ¨La Estaca ¨a lo lejos se veían. En uno de sus oficios puso carnicería, famosos fueron los cuentos que de él hacían, cuando pesaba la carne y un dedo afirmaba sobre la balanza, justificando la parte pedida.
Por supuesto que estoy hablando de mi abuelo Roque Dotti, si usted sigue el texto otras anécdotas me acercaría. Su fama de pie grande quedó en la familia, él y sus hermanos N° 45 pedían. Llamaba ¨engañar al estómago¨ a una suculenta comida. A la sopa ¨agua sucia¨cada vez que le servían.
Su voz se fue perdiendo y quedó en la lejanía, conoció a Juan Moreira y también lo describía.
Una grave enfermedad tembló junto a sus manos: el mal de Parkinson muy raro en esos días. Su cuerpo robusto y fuerte fue camino a la vejez, necesitaba un bastón para continuar su lucha , hasta que una jornada muy triste Dios cosechó su vida.
Amigo entrañable de Amancio Varela, tardes enteras, y mucho tiempo , en relatos revivían a los colonos campesinos que se afincaron en este suelo.
__________Ana N. Laurence de Prieto_____________

sábado, 3 de abril de 2010

La belleza (Luis Eduardo Aute)

Enemigo de la guerra
y su reverso, la medalla
no propuse otra batalla
que librar al corazón
de ponerse cuerpo a tierra
bajo el paso de una historia
que iba a alzar hasta la gloria
el poder de la razón
y ahora que ya no hay trincheras
el combate es la escalera
y el que trepe a lo mas alto
pondrá a salvo su cabeza
Aunque se hunda en el asfalto
la belleza...

Míralos, como reptiles,
al acecho de la presa,
negociando en cada mesa
maquillajes de ocasión;
siguen todos los raíles
que conduzcan a la cumbre,
locos por que nos deslumbre
su parásita ambición.
Antes iban de profetas
y ahora el éxito es su meta;
mercaderes, traficantes,
mas que nausea dan tristeza,
no rozaron ni un instante
la belleza...

Y me hablaron de futuros
fraternales, solidarios,
donde todo lo falsario
acabaría en el pilón.
Y ahora que se cae el muro
ya no somos tan iguales,
tanto vendes, tanto vales,
¡viva la revolución!
Reivindico el espejismo
de intentar ser uno mismo,
ese viaje hacia la nada
que consiste en la certeza
de encontrar en tu mirada
la belleza…