(dedicada a todos los ancianos)
Te miro a la distancia
tierno abuelito
mi corazón se estremece
por verte tan solito.
Tu mirada perdida
visualiza recuerdos
de un tiempo, que tú viviste
y evocas para mantenerlo.
Apenas puedes oír…
casi tampoco hablar…
la fortaleza de tus piernas
te ha querido abandonar…
Apoyas tus temblorosas manos
e intentas con ellas gesticular…
es muy poco lo que tú puedes
en verdad realizar…
¡Pero es tanto… tanto…
lo que te debemos ayudar!
Pensando que tal vez, un día
en tus mismas condiciones
a nosotros nos hallarán ..
Si ayudamos, también nos ayudarán…
En mis ratos de reflexión
siempre me vuelvo a preguntar
¿Por qué?... la vejez siempre ha de llegar…
Si el dinamismo y la plenitud
¡Son tan difíciles de alcanzar!
Diciembre de 1998
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